“-No entiendo a los que van corriendo por el monte, es imposible disfrutar del paisaje a esa velocidad, eso es maltratar la Naturaleza."
...¡Plas! Y me cae en toda la cara...
Disculpad si encuentro poesía en hechos, no en palabras:
Aquí, un recuerdo gráfico, el resto, es solo una larga explicación...
A los entusiastas, sea en invierno o en verano, rápido o despacio, gracias por comprender y ser cómplices a la hora de provocar que sucedan cosas como por arte de magia. Gracias por motivar e inspirar. Por SER. Por estar.
Pero la vida sigue sorprendiendo (o más bien nosotros a
nosotros mismos)…
Y un buen día, el maravilloso destino y sus “casualidades”,
hacen que te encuentres trabajando en Laviana, ejerciendo tu profesión, que
gran parte se desarrolla en el campo y vas redescubriendo la zona. Crees
conocer Asturias un poco, tras varios años recorriéndola “por ocio y por
negocio”, pero no, sigue siendo infinita: nuevos pueblos, valles, montes,
bosques, gentes…y además, resulta que el trabajo termina a las tres de la tarde
y embelesada por la suerte de salir y encontrarte a pie de tales rincones,
siempre apetece quedar por allí...
Te planteas subir a un pico:
“-¿Dónde voy yo a estas horas?, es una imprudencia.”
Pero empiezas a ir ligero y resulta que llegas rápido a la
cima y te meriendas una puesta de sol inolvidable, un lunes cualquiera y bajas
trotando, iluminada con el frontal, mientras anochece. Te refugias en la
“furgo” antes de que enfríe más, llegas sudada, cansada, feliz…
Dan buen tiempo para el resto de la semana y quieres más:
Porque te encuentras bien, cada vez mejor. Porque ves que
puedes hacerlo. Porque ya no te parece una imprudencia sino otra nueva
oportunidad. Porque “estás en tu salsa”.
Además, cuadras con un amigo para hacer los mismos planes y
exploráis nuevos sitios y hacéis una fotografía de otro atardecer
impresionante, después de haber pasado entre venados en plena berrea, un martes
de otoño, tras salir de trabajar, es increíble y de nuevo llegáis de vuelta,
alucinando, sin saber qué día de la semana es…
Y un buen día llega un tercer amigo que dice:
“-Os va a gustar participar en alguna carrera”.
“-No, no. No me gustan las aglomeraciones, prefiero ir al
monte a mi aire, buscarme la vida, estar solo o con mis amigos. No, no,
barullos no, por favor.”- es la respuesta...
Pero te inscribes en un "trail" de esos, lleno de
"runners" (como parece ser, dicen ahora...) por probar, sin más...
Has caído: vives el “ambientillo”, la entrega de los vecinos
del pueblo, el efecto motivación en manada, el entusiasmo colectivo…y claro, te
contagias. Sigues prefiriendo ir al monte por tu cuenta, pero no dejas de
apuntarte de vez en cuando a alguna carrera nueva, más larga, más lejos, por
seguir tanteando, trasteando, viajando con los amigos y conociendo nuevos
lugares, o por volver a los mismos en distintas épocas.
O quizá lo haces para conocerte más a ti mismo.
Pasa el tiempo y cuando echas la vista un año atrás, te
preguntas: “-¿Quién me iba a decir a mí, que iría al monte en playeros?”
La montaña es algo completo (a mí modo de ver) no solo es
hacer deporte en la Naturaleza, sino aprender-se, observar-se, planear-se,
idear-se, orientar-se, perder-se, encontrar-se, curtir-se, ser autónomo y a la
vez compartir, entre otras muchísimas cosas…
Pero envejecer es aprender y sobre todo entender y comprender
otras formas múltiples y diversas de disfrute, de ser, siempre desde el respeto
a la Naturaleza y al resto de personas.
Así que no volveré a “escupir para arriba” ni a decir “de
este agua no beberé” pues se puede acabar la cerveza...
Cada momento es un regalo en forma de oportunidad para lo que
tú quieras.
Solo hay que querer verlo, querer vivirlo.
:)